2 Feb 2011

Recensión de “La verdad sobre el caso del señor Valdemar” de E. A. Poe



Luis Sepúlveda [1], escritor chileno, resaltó “la importancia de conocer el pasado para comprender el presente e imaginar el futuro”.
Preguntémonos entonces cómo serían hoy los coches de lujo que tanto deseamos si no hubiese sido inventada la rueda; cómo sería la literatura si Shakespeare, Cervantes y Dante no hubieran dejado sus huellas en el mundo.
Al mismo modo, imaginemos qué tipo de personalidad tendrían los detectives en los libros y películas sin E. A. Poe nunca hubiese dado vida a Dupin (“Los crímenes de la Rue Morgue”) y cómo serían los cuentos del horror si él no hubiera contribuido a crear las fundamentas del género.
A todos estos periodos hipotéticos no se puede contestar a ciencia cierta, pero sí se puede suponer que el pasado haya sido determinante en plasmar el presente tal y como lo conocemos. Por esta razón, tendríamos que plantearnos esas preguntas para poder apreciar a Poe. En caso contrario, las novedades  que introdujo en la historia de la literatura no nos impresionarían de ninguna manera, estando acostumbrados a los efectos especiales de ultima generación.

Con respeto al escritor americano (1809-1849), está considerado el inventor del genero detectivesco. Se dedicó también a la ciencia-ficción y a la novela gótica con sus cuentos de terror.
En esta última categoría se halla el cuento publicado en 1845 en la revista “American Whig Review” , “La verdad sobre el caso del señor Valdemar”[2].
Resumiendo, el cuento describe el intento mesmérico de P., narrador en primera persona, de mesmerizar a un hombre próximo a la muerte para estudiar los efectos. Valdemar, enfermo de tuberculosis, cuando se halla en estado hipnótico comunica a P. Como se va muriendo paulatinamente, hasta llegar a estar muerto. El hombre se quedó en ese increíble estado entre la vida y la muerte durante siete meses. La muerte “natural” sobrevino cuando P. intentó despertarlo. El resultado, del todo inesperado, fue la inmediata putrefacción del cuerpo.
El cuento presenta varios temas en los que merece la pena fijarse. Entre ellos la referencia a la tuberculosis, el mesmerismo y el tema de la muerte.

Primeramente, la elección de la tuberculosis podría no haber sido casual.  Su esposa, Virginia Clemm, padecía la misma enfermedad que el señor Valdemar y debido a esa murió.  Además, esto explicaría por qué Poe conocía tantos detalles sobre el tema.

A propósito del mesmerismo, es interesante notar que esa doctrina surge también en otro cuento escrito por E. A. Poe, la Revelación mesmérica (publicado un año antes, en 1844). Allí el protagonista, mesmerizado antes de morir, describe el más allá hablando del reino de las sombras.  
Esa no es ninguna coincidencia: Poe creía firmemente en la práctica mesmérica, la cual consiste en curar enfermedades a través de una fuerza magnética. Las teorías de Mesmer [3] nunca fueron reconocidas por la ciencia médica. Sin embargo, fueros la base de estudios científicos como la hipnosis y el “sueño magnético”.
Además, el mesmerismo añade al cuento un componente de misterio y ocultismo con el que Poe juega.

A propósito de la atmosfera de terror, un ingrediente esencial es sin duda la muerte, o mejor dicho el miedo a la muerte. Desde siempre ha sido característica humana temer lo que se ignora y nada supera la muerte en ese sentido – a excepción de lo que ocurre en Revelación mesmérica.
El intento de vencer a la muerte es un utópico planteamiento que siempre marcó la historia del hombre. El intento de superar los limites es muy recurrente en literatura. Piénsese, por ejemplo, en Frankenstein (o el moderno Prometeo) (1818) de Mary Shelley [4], dónde Victor Frankenstein al principio da vida a la “criatura” y luego la devuelve a su esposa con trágicos resultados.

Otra cuestión relacionada con el binomio vida-muerte es la exhortación, por parte del mismo Valdemar en estado hipnótico, a morir:
  ¡No me despierte! ¡Déjeme morir así! [5]
Esa petición de eutanasia se clasificaría más precisamente como eutanasia pasiva. La última se distingue de la activa por no implicar una acción por parte del medico, sino una omisión suya (de tratamientos, reanimación, etc.).
Al mismo tiempo, hay que considerar el particular estado en que el paciente se encontraba al momento de expresar su última voluntad. Además no es muy probable que Poe fuera consciente de la relación entre la frase y la eutanasia a la hora de escribir. Aún así, ese (quizás) involuntario componente proporciona al cuento un interesante enlace a la actualidad. 
Al considerarlo como un pedido eutanásico, tendríamos que constatar que eso viene satisfecho por P..
Por añadidura, se podría analizar a nivel ético si es correcto experimentar con una vida humana (a pesar de que se reciba su consentimiento); si en esos siete meses el señor Valdemar se halla en vida o está muerto; si P. hubiera tenido o no que despertarlo (o, mejor dicho, intentar hacerlo) y, en caso afirmativo, si hubiese tenido que esperar tanto tiempo. A la hora de considerar todo eso, podría sernos de guía una frase de G. Ungaretti [6]:

È sopravvivere alla morte, vivere?” [7]

Para concluir, fijémonos en la “terrorífica” escena  final del cuento. Cuando P. intenta reanimar al señor Valdemar, lo que logra es una repentina putrefacción del cuerpo. En otras palabras, en un instante ocurre lo que habría pasado gradualmente al cadáver de Valdemar si no hubiese sido mesmerizado.
Volvemos entonces a las preguntas iniciales. Miremos ese “efecto especial” – cotidiano para nosotros - como alguien lo habría mirado en el 1845. Y preguntémonos si existirían en el cine todos esos efectos especiales si escritores como Edgar Allan Poe en su tiempo no los hubieran usado en sus obras. Otra vez, no existen respuestas ciertas. Limitémonos entonces a considerar esa escena como parte de la ecuación:
“Putrefacción : rueda = efectos especiales modernos : llantas de aleación de coches de lujo”




[1] Nació en Ovalle, Chile, en 1949. Ha recibido, entre otros, el Premio Gabriela Mistral de poesía 1976 y el Premio Rómulo Gallegos de novela 1978. Y también le fue otorgado el Premio Tigre Juan (Oviedo, 1989) por “Un viejo que leía novelas de amor

[2] El cuento,  cuyo título original es “The facts in the case of M. Valdemar”, se conoce además como  El extraño caso del señor Valdemar” y “Los hechos en el caso de M. Valdemar
[3] Franz Anton Mesmer (1734-1815) fue un médico alemán. Se recuerda como el padre del mesmerismo , o “magnetismo animal” (según su propia definición). A partir de esa práctica James Braid (1795-1860) desarrollará la hipnosis en 1842.

[4] Mary Wollstenecraft Godwin (1797-1851), conocida como Mary Shelley, fue una narradora, dramaturga, ensayista, filósofa y biógrafa británica, reconocida sobre todo por ser la autora de la novela gótica Frankestein (or The modern Prometheus). Su esposo era el poeta romántico y filósofo Percy Bysshe Shelley.

[5]  Traducción de Julio Cortázar – conocido por haber traducido todos los cuentos de E. A. Poe - del texto original, en lengua inglesa, “Do not wake me up! - let me die so!”

[6]  Giuseppe Ungaretti (1888-1970) fue un escritor y poeta italiano. Como Gabriele D’Annunzio, participó activamente en la primera guerra mundial

[7] De “Taccuino di un vecchio”, Milán, 1960. Traducción en Español: “¿Es sobrevivir a la muerte, vivir?”

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