15 Apr 2011

Análisis del poema "Elegía" de Miguel Hernández


v                   Introducción

Este documento tiene por objeto proponer un análisis de Elegía, entre las composiciones más famosas de Miguel Hernández.
En una primera fase de contextualización, se presentará la figura del poeta alicantino y aquella de Ramón Sijé, al cual Miguel Hernández dedica estos versos. También, se delineará el género elegíaco.
En un segundo momento, se explicarán los temas fundamentales que emergen en el poema y se propondrá un análisis textual de la obra.



v                   Contextualización


§          Notas biográficas sobre el autor

El “genial epígono de la generación del 27”, según lo defino Dámaso Alonso[1], nació en 1910 en Orihuela, en provincia de Alicante. A causa de la humilde condición familiar, de niño Miguel Hernández fue pastor de cabras y no pudo acceder más que a estudios muy elementales. Por lo tanto, desde que su padre lo obligó a vestir la zamarra, su formación fue autodidacta.

Entre los autores clásicos que más influenciaron su literatura cabe destacar el nombre de Garcilaso de la Vega y el de Luis de Góngora.


Cuando con veinticuatro años viajó a Madrid, conoció a Pablo Neruda[2], cuyas ideas marxistas llevaron Miguel a alejarse del catolicismo y, al mismo tiempo, fomentaron su compromiso beligerante durante la Guerra Civil en España.

En los años ’30 se alistó como voluntario en el ejercito republicano y contrajo matrimonio con Josefina Manresa. Además, dos hechos en particular marcaron su vida: la muerte de su primogénito y el nacimiento de su segundo hijo.

Una vez terminada la guerra, regresó a Orihuela, donde fue detenido y sentenciado a cadena perpetua. Después de ser trasladado a varias prisiones, murió de tuberculosis en el penal de Alicante en 1942.


§          Ramón Sijé

Ramón Sijé, seudónimo[3] de José Ramón Marín Gutiérrez, fue originario de Orihuela, donde nació en 1913. Se le conoce en el mundo literario por su relación de amistad con Miguel Hernández, primero, gracias al poema en cuestión, Elegía, y, segundo, por el prólogo poco afortunado que escribió en 1932 para Perito en lunas.

Sijé dirigió dos revistas, escribió una multitud de artículos, un amplio epistolario y un largo ensayo, La decadencia de la flauta y el reinado de los fantasmas (1935). Miguel hizo todo lo que pudo por publicar ese libro. Él mismo cuenta en una carta a un amigo oriolano: “..me lo he leído casi de un tirón, a pesar de tener más de doscientas páginas. Es formidable”.

Entre los dos amigos existía profunda admiración, a pesar de sus profundas diferencias ideológicas, por las cuales acabaron separándose en el último período. Ramón, en efecto, era de firmes principios católicos y sus ideologías políticas, contrarias al marxismo, llegaron incluso a ser descritas como fascistas.

La muerte de Ramón Sijé en 1935, debida a una septicemia al corazón, inspiró Miguel Hernández a dedicarle Elegía, incluida en su libro El rayo que no cesa.


§          El género elegíaco

Tal como lo sugiere el título, Miguel Hernández adoptó en un su poema el género elegíaco, cuyas raíces se hallan en época latina.

En la segunda mitad del siglo I a.C. se verificó en Roma un fenómeno literario muy peculiar. El género poético de la elegía se desarrolló rápidamente en la literatura latina y, después de florecer, perdió de repente su importancia.

Desde el principio, el género elegíaco fue muy heterogéneo: solía utilizarse en temas bélicos, políticos, sociales y amorosos. Sin embargo, una característica común a todas las elegías romanas era su forma métrica, relacionada con la expresión del dolor y del luto: el dístico elegíaco[4].


Elegía                                                                                                             (En Orihuela, su pueblo y el mío, se
me ha muerto como del rayo Ramón Sijé,
con quien tanto quería)
.
          
Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.   3

Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento.
a las desalentadas amapolas  6

daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento. 9

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.  12

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.  15

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos. 18

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo. 21

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada. 24

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta. 27

Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.  30

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos. 33

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo. 36    

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada. 39

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta. 42

Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.  45

Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte. 48

Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera  51

de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.  54

Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irán a cada lado
disputando tu novia y las abejas. 57

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado. 61

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.  65

     
                                                  
        10 de enero de 1936,  Miguel Hernández



v                   Análisis del poema


§          Temas

Esta elegía fue compuesta por Miguel Hernández dos semanas después de la muerte de su amigo Ramón Sijé, ocurrida el 24 de diciembre 1935, a la edad de veintidós años. Al encontrar una placa en la plaza que se le dedicó a Ramón Sijé, Miguel leyó la siguiente alocución:

“Quisiera que esta piedra y esta plaza llevaran para siempre el nombre que les ha sido impuesto: Ramón Sijé. Bajo el sonido de este nombre se me ha ido un compañero del alma, y Orihuela ha perdido su más hondo escritor y su más despejado y varonil hombre […][5]”.

La elegía ha sido considerada por los expertos como un poema de remordimiento y de reconciliación espiritual, como paradigma de fraternidad y de magnificencia poética.

El fallecimiento de Ramón Sijé no viene descrito al lector como una circunstancia irremediable y natural, sino como un hecho inconcebible. Hernández expresa con claridad esta visión a través de la sucesión de metáforas de la IV estrofa: un manotazo duro,/ un golpe helado,/ un hachazo invisible y homicida, / un empujón brutal te ha derribado.

Temas centrales de el la obra – y de toda la poesía del autor alicantino, en general – son la vida y la muerte, en una solemne mezcla antitética, sobre la cual corrió mucha tinta a lo largo de la literatura:

Varios tragos es la vida/
y un solo trago es la muerte[6].

Esta molécula bipolar, cuyos polos son químicamente indivisibles, se mezcla en solución con otro elemento: el dolor. La habilidad poética de Hernández lleva al lector a un estado de confusión, en el que éste ya no puede distinguir entre el dolor espiritual y el dolor físico, ya que el horizonte que los separa se esfuma a lo largo de las estrofas.

Tanto dolor se agrupa en mi costado, que por doler me duele hasta el aliento (vv. 8 - 9).

Una larga serie de poetas, antes de Miguel, ya había intentado sobrepasar la frontera natural de la muerte a través de los versos. Hernández también da testimonio de esa indeleble amistad que ha destrozado la parca y que él pretende restablecer con la mágica arma del verbo poético. A través de un afán casi religioso, quiere hacer posible la inmortalidad del sentimiento, la eternidad del lazo que lo unía a Ramón. En Elegía, en efecto, se pueden apreciar aquellas influencias materialistas y panteístas que permearon la ideología anticlerical del autor. El resultado es heterogéneo y, por lo tanto, difícil – para no decir imposible – de categorizar bajo un único aspecto.  

En este poema existen, además, puntos de contacto entre la actitud del poeta alicantino hacia la muerte y los versos de Los sepulcros escritos en 1807 por Ugo Foscolo[7].



Ma perché pria del tempo a sé il mortale
invidierà l'illusïon che spento
pur lo sofferma al limitar di Dite?
Non vive ei forse anche sotterra, quando
gli sarà muta l'armonia del giorno,             25
se può destarla con soavi cure
nella mente de' suoi? Celeste è questa
corrispondenza d'amorosi sensi,
celeste dote è negli umani; e spesso
per lei si vive con l'amico estinto                30           
e l'estinto con noi […][8]

Sigue la traducción en español.

Pero, ¿por qué ante del tiempo a sí el mortal
negará la ilusión que muerto
aún lo detiene en el umbral de Dite?
¿Más no vive el mortal, cuando ya muda
es para él del mundo la armonía,              25
si puede alimentar dulces recuerdos
en los pechos amantes? La celeste
correspondencia de amoroso afecto
don es a los humanos otorgado:
por él vivimos con el muerto amigo,          30
y él vive con nosotros […]



Por un lado, el poeta italiano cree que los muertos siguen viviendo en el recuerdo de los queridos; por el otro, Miguel Hernández utiliza la poesía como medio para mantener este contacto con su difunto amigo.
Con respecto al tiempo, también se puede apreciar una contraposición entre la precocidad de la muerte de Ramón Sijé y el eterno dolor que – según parece – acompañará a Miguel cada instante de su vida.
En primer lugar, el lamento funeral posee una razón de peso en la desaparición trágica del amigo acaecida a una edad intempestiva e impropia; de manera que no solo se llora su pérdida, sino también su juventud truncada: Temprano levantó la muerte el vuelo,/ temprano madrugó la madrugada,/ temprano estás rodando por el suelo (vv. 19 – 21). La repetición asindética de un adverbio de tiempo - propio del mundo rural del que proceden tanto el poeta como el compañero - cobra un sentido casi solemne, como si la palabra se cargara con los significados de la tierra, del amanecer y del trabajo. Ese temprano sustituye, en realidad, a cualquier otra palabra cuyo significado se aproxime más a la edad juvenil del amigo: pronto, demasiado pronto, en la flor de la vida. El segundo verso constituye una sucesión graduada de sentidos, cuya suma supone la culminación de la tragedia: Temprano madrugó la madrugada (v. 20). En este verso, el adverbio, el verbo y el sustantivo comparten una misma raíz semántica y apuntan a una misma dirección.
En segundo lugar, el desconcierto y la compasión lo acompañan en ese viaje cotidiano e inevitable que todos realizamos cada día y que consiste en seguir viviendo a pesar de todo, pero sin dejarnos atrás la llaga que nos persigue: Y sin calor de nadie y sin consuelo/ voy de mi corazón a mis asuntos (vv. 17 – 18) -  aquí la acción queda determinada por un presente inacabado y casi circular.

§          Análisis textual

La elegía se compone de quince tercetos de versos endecasílabos encadenados – en los que el segundo verso rima con el primero y el tercer endecasílabo de la siguiente estrofa (ABA - BCB - DCD -DED, etc.) - y un último serventesio (con rima XYXY), a modo de colofón.

Antes de considerar el texto, en el que prevalece la parataxis y el uso del asíndeton, fijémonos en la dedicatoria. En la edición de Losada, Hernández escribe “a quien tanto quería”, mientras que en la de Agustín Sánchez Vidal y otras sucesivas aparece “con quien tanto quería”. Con esta segunda preposición, “con”, el poeta hace una disemia[9] - o juego de dos significantes - entre “con quien tanto compartía” y “tanto quería”.

Un primer aspecto en que merece la pena hacer especial hincapié es el pronombre personal “yo” que abre el poema. Aprovechémonos de esta expresión del “yo poético”, muy apropiado en una elegía, para dividir el poema en secciones, según el sujeto que éstas tengan. A partir de la estrofa I hasta la XI – quedan excluidas las estrofas IX y VII, donde se hace referencia al difunto –,  la figura del poeta, en primera persona, domina la escena para expresar su sufrimiento. A continuación, desde la XII a la XV, prevalece la segunda persona (Ramón Sijé). Finalmente, en el último serventesio los dos elementos se funden en un “nosotros”, lo que nos sugiere que esa reconciliación ultramundana que Hernández buscaba ha sido finalmente alcanzada.

Otro criterio para analizar el texto es distinguir entre los diferentes tiempos verbales: presente, pasado y futuro. De los 30 verbos de forma finita que se hallan en el poema, 21 están en presente – tiempo en que se abre Elegía -, 6 en futuro y solo 3 en pasado. Por lo tanto, se puede deducir que el autor quiere fijarse sobre todo en la dificultad del momento presente, ya que el dolor es tan inmenso que no deja espacio a pensamientos sobre el futuro ni sobre los acontecimientos pasados. 

La elección de los verbos también es relevante. Miguel Hernández usa repetidamente verbos con una fuerte carga emotiva: entre ellos, quiero (que aparece 4 veces y viene acompañado por su compuesto, requiero) y no perdono (repetido 3 veces en la anáfora de la estrofa VIII).

Además, en el poema aparecen las siguientes palabras claves: tierra (5 veces), alma (4 veces), muerte (3 veces) y vida (2 veces). La prevalencia del término tierra no es casual. Como ya se anticipaba, el lenguaje es propio del mundo rural y presenta muchas referencias naturales (lluvias, tormentas, piedras, etc.), lo cual puede sugerir la presencia de un componente panteístico. La experiencia bélica, también, está reflejadas a través de las imágenes poéticas. En general, el registro no es elevado, sino simple y directo.

Con respecto a las figuras retóricas más recurrentes, cabe destacar las frecuentes repeticiones (el pronombre enclítico “te” repetido a lo largo de la estrofa XI comunica eficazmente la “obsesión” del autor con la muerte de Ramón Sijé) y anáforas (por ejemplo, temprano en la estrofa VII y No perdono en la siguiente), figuras etimológicas (por ejemplo, en la estrofa III, que por doler me duele  y madrugó la madrugada en la VII), imágenes sinestésicas. Asimismo, se pueden destacar un clímax ascendente en la estrofa IV (Un monotazo duro, un golpe helado/ un hachazo invisible y homicida,/ un empujón brutal te ha derribado) y un quiasmo – según una libre interpretación – en la estrofa VI, al considerar la simetría entre el primer y tercer verso, y entre los dos elementos introducidos por y si (repetición interna) en el segundo verso.



v                   Webgrafía

            ·               Peñaver, Antonio. La ideología poética de Ramón Sijé. 16 09 2009. 12 04 2011 <http://www.revistaperito.com/ramonfernandez/ideologiaRS.htm>.
·                Protestantedigital.com. Protestantedigital.com. 29 11 2010. 12 04 2011 <http://www.protestantedigital.com/ES/Espana/articulo/12113/Miguel-hernandez-fue-anticlerical-pero-no-ateo>.
·                      López, Juan García. Nido de Poesía. 06 06 2009. 12 04 2011 <http://www.nidodepoesia.com/MHelegia0.htm>.
·                      Debicki, Andrew P. Miguel Hernández y la historia literaria. 24 08 2007. 12 04 2011 <http://www.miguelhernandezvirtual.com/new/files/Actas%20I/ponencia2.pdf>.
·                      iTematika. Biografía de Miguel Hernández. 16 03 2006. 12 04 2011 <http://literatura.itematika.com/biografia/e55/miguel-hernandez.html>.




[1] Dámaso Alonso (Madrid, 1898 – 1990) fue un poeta y filólogo español. En 1978 recibió el Premio Miguel de Cervantes.
[2] Con Pablo Neruda (Parral, 1904 – Santiago de Chile, 1973), Miguel Hernández fundó la revista Caballo verde para la Poesía.
[3] Supuestamente, se trata de un anagrama del nombre y del primer apellido.
[4] El dístico elegíaco consta de dos versos, comúnmente un hexámetro seguido de un pentámetro dactílicos. Dicha estructura se repetía un número libre de veces y se piensa que en origen venía acompañada por la flauta.
[5] Pág. 311. Miguel Hernández. Pasiones, cárcel y muerte de un poeta. José Luis Ferris.
[6] Versos de Sentado sobre los muerto, Miguel Hernández.
[7] Niccolò Ugo Foscolo (Zante, 1778 – Londres, 1827) fue probablemente el más importante escritor y poeta neoclásico de la literatura italiana. En su famosa obra, Dei Sepolcri (en español, Los sepulcros), crea el mito personal de la tumba no llorada en el exilio. Según Foscolo, que alguien vaya a verle a la tumba es muy importante – y no el sepulcro en sí -, porque esto significaría vivir en su corazón y, por lo tanto, sería como seguir viviendo de alguna forma.
[9] A pesar de no estar registrado en el diccionario de la Real Academia Española, el término “disemia” se utiliza en lingüística como sinónimo de “polisemia”, en caso de que dos significados tengan el mismo significante. 

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